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Teatro Libélula Dorada

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Cuando dejé de ser niño estaré muerto

Samuel Vásquez


Después del vacío que dejó la violencia ejercida contra nuestros indígenas, las artes plásticas y el arte teatral colombianos son de vigencia reciente. Así como el movimiento plástico colombiano empieza con una pintura de Alejandro Obregón de 1955 y una escultura de Edgar Negret de 1956, el movimiento teatral colombiano empieza con el trabajo de Enrique Buenaventura y Santiago García. Es a partir de su obra y de su ejemplo, o contra su obra y de su ejemplo, como el teatro colombiano ha alcanzado una labor continua, diversa y desigual. Tratar de buscar antecedentes significativos antes de ellos, es buscar nuestra bisabuela indígena disfrazada de manola española.

César Santiago Álvarez e Iván Dario Álvarez y Luis Marrero con su público. Foto de Dagoberto Moreno

Así mismo, el arte del teatro de muñecos empieza con el grupo La Libélula Dorada hace treinta años: Y es lo que hoy, aquí, estamos celebrando. Pero ¿cuál es el elemento significativo que introduce La Libélula Para ubicar este hecho histórico con tan pretendida precisión? La Libélula introduce, sin duda alguna, una clara estructura dramatúrgica a sus obras, estructura ausente en el teatro de muñecos realizado antes de ellos en este país. El teatro de muñecos se había amañado en el divertimento gratuito, en la fácil, superficial y tonta participación del público infantil.


Cuántas veces soportamos a los titiriteros de tantos grupos pedir a los niños que llamaran a gritos y en coro a los muñecos porque estaban dormidos. Cuántas veces vimos conducir a los niños de manera maniquea, pidiéndoles que delataran el rumbo que había tomado el supuesto malo de la obra, buscando una unanimidad de conducta, sentimiento y lectura de la obra.


Cuántas veces asistimos a las simplistas moralejas que, antes que señalar la existencia del conflicto y mostrar la complejidad y dificultad de su solución, se dictaminaba que la felicidad sólo era posible si se alcanzaba la unanimidad a través del dominio y aplastamiento del otro.

Excepción hecha de Los héroes que vencieron todo menos el miedo, que considero apenas un pequeño divertimento, todas las obras de La Libélula Dorada han sido puestas en escena con una estructurada e imaginativa dramaturgia. Y este es un aporte sustantivo insoslayable.


No puedo terminar sin mencionar un elemento vital en las obras de La Libélula Dorada, y que no hemos agradecido con suficiencia: el detonador de la risa.


La risa es generosidad.

La risa es demarcación.

La risa es un pastel que estalla, siempre oportuno,

En el ventanal del poder

Y que no busca prerrogativa alguna.

La risa es un desafío pacífico.

La risa es la primera creación totalmente humana.

La risa no es acumulativa,

No ahorra,

Es fugaz, huidiza,

Es un pedazo de hálito

Que regalamos al viento.

La risa está más cerca de la demencia

Que del poder.

Por eso Dios no ríe;

Los militares no ríen;

El presidente no ríe.

La amistad consigue imponernos un silencio no justo cuando debería oírse un canto jubiloso.

Al César lo que es del César,

Al Iván lo que es del Iván.

*Constantin Brancussi


Fragmento del texto leído en el homenaje de los treinta años de La Libélula Dorada, celebrado en el Festival de Manizales, el 10 de octubre de 2006.

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