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Teatro Libélula Dorada

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Historia de dos hermanos titiriteros

Ricardo Rondón Ch.


Siempre he tenido la convicción de que los titiriteros son esos auténticos oficiantes del amor y la ternura, de los sueños y las fantasías, capaces de transgredir la amargura de un adulto, y de hacernos soñar e imaginar en esas fatigosas cruzadas de entreguerras.


De ahí que los titiriteros parece que fueran hechos de otro material: polvo de estrellas, por ejemplo, adobado con la luz sideral y el magma de la estratosfera, en feliz armonía con el espíritu de los planetas. La ternura que poseen ellos debe ser extraída de lo más íntimo de las alas de los ángeles benefactores; y la gran carga de humor y de ironía de los duendecillos traviesos e interplanetarios que vagan por el universo.


De todo eso parecen estar hechos los hermanos César Santiago e Iván Darío Álvarez, creadores y fundadores del colectivo teatral “La Libélula Dorada”, 27 años de labores ininterrumpidas, con más de mil muñecos que habitan en los entrepaños de su teatrino; 20 montajes de repertorio, varios premios y reconocimientos a su noble y amorosa labor, giras internacionales; y el aplauso sincero y cálido del mejor público del mundo: los niños.

Y hay que detenerse y deletrear la magia impresa en los títulos, de cada una de sus obras: “Los Espíritus Lúdicos”, “Ese Chivo es Puro Cuento”, “Sinfonías Inconclusas para Desamordazar el Silencio”,Un Pobre Pelagato mal llamado Fortunato”, o “El Dulce Encanto de La isla Acracia” (montaje que acaba de ser elogiado en la Feria Internacional del Libro en La Habana), para comprender que el Reino de los Álvarez no es de este mundo.

Ellos, con la complicidad de ese otro sacerdote del encantamiento y la ensoñación que es Ciro Gómez, director de “Hilos Mágicos”, son los anfitriones del I Festival Internacional de Títeres Manuelucho, que se llevará a cabo en sus salas, entre el 3 y el 13 de Octubre, con la participación de varios países invitados.


En el fondo del teatrino, en “La sala de partos” de sus murracos, encontramos a los hermanos Alvares atendiendo el nacimiento de un nuevo muñeco.

César nos brindó una hora de su tiempo para correr el telón de esta entrevista.


¿Sufre usted desde pequeño el llamado Delirium Titerensis?

“Si, desde niño, cuando animaba mis primeros muñecos que hablaban por mí y jugaban con mis útiles escolares. En una especie de delirio descubrí que iba a ser la de un titiritero”


¿Y su hermano Iván padecía también de ese “delirio”, ¿O usted lo convirtió?

“Iván Darío tuvo llamados juglarescos con “El Circo de los Muchachos”, de España. Hizo una gira por Europa, y al regresar los dos emprendimos un viaje maravilloso por el universo de los títeres”.


César Santiago Álvarez e Iván Dario Álvarez.

¿Ustedes son mellizos?

“No, lo que nosotros tenemos son almas gemelas”


Qué es el títere: ¿una religión, una logia o una terapia para escapar del caos terrenal?

“Es una conjunción de las tres. El chamán o el sacerdote eran unos oficiantes del rito de los títeres. Somos una logia, una hermandad, que con nuestras voces y muñecos hemos recorrido la historia de la humanidad desde sus comienzos hasta el fin de la historia”


¿Cómo era la Libélula Dorada en crisálida?

“Llena de alas multicolores en una permanente metamorfosis”.


¿Y cómo se asomaron ustedes a su primer vuelo?

“Nuestro primer vuelo lo vimos reflejado en la sonrisa de un niño, en las necesidades de un adolescente, y en la recuperación de la infancia de un adulto”.


¿Sabe usted que los titiriteros son los sumos sacerdotes de la ternura? La verdad es que ustedes deberían oficiar las misas

“El grado sumo de la comunión es cuando el títere vive por el titiritero, y los comulgantes o espectadores creen que ese títere tiene vida propia. Es el acto supremo de la magia”.


En ese caso, ¿cómo es la liturgia del títere?

“Es la simbiosis de todas las artes. El títere es una escultura en movimiento que danza en el espacio bajo la armonía de un pentagrama, bajo el calor de un arco iris; también es la plástica, es la música, es la poesía, es el rito del teatro”.


César Santiago Álvarez e Iván Dario Álvarez.

Ustedes, de alguna manera hacen un papel parecido al de Dios. Elaboran el muñeco, le dan un soplo de vida y lo ponen en función con el mundo, que es el espectador, y más bello aún, con el niño.

“En estos 27 años han nacido de nuestras manos más de mil muñecos que pueblan nuestra sala y nuestros sueños; y que viven gracias a la sonrisa de un niño y su aplauso sincero y caluroso”


¿Qué hacen con esos muñecos de repertorio?

“El crear una obra en su proceso que dura alrededor de dos años en su elaboración, ya que cada espectáculo intervienen alrededor de 30 o 40 muñecos, por lo tanto nuestros montajes se integran a nuestro repertorio y continúan a través del tiempo”.


¿Quiere decir que un títere tiene vida eterna?

“Sí, los títeres nos sobrevivirán a nosotros mismos, nuestra carne se descompone y la “carne” del títere al ser de papel maché, espuma o madera, lo hace inmortal”.


¿Cómo es el “alma” de un títere?

“Tiene la transparencia del espíritu de los niños”.


¿Ha sucedido que un títere se les rebele? ¿Se han dado casos de títeres anarquistas?

“Sí, en muchas ocasiones se han negado a ser manipulados, pero hemos llegado a una convivencia pacífica, porque no se trata de ser manipulado o ser manipulador”.


¿Cómo una especie de referendo?

“Eso es como una marioneta de quince varas, y con cada vara que midas, con esa serás medido”.


¿Cómo es la sala de partos de sus títeres?

“Es una gran mesa donde aparecen ojos de todos los colores, barbas y mechones, papeles multicolores y muchas manos dando vida a seres fantásticos”.


¿Hay algún control natal?

“Ante tal cantidad de muñecos que nos exigen paternidad, hemos pensado alguna vez ponernos en nuestras manos guantes de látex”.


¿Cómo definen la sexualidad de un títere?

La descubrimos en su adolescencia, cuando empiezan a cambiar de voz”.


¿Cuál es la edad más compleja?

“Cuando después de muchos años se miran al espejo y descubren que su piel se ha desteñido y su cuerpo se ha desencajado, y piden reparación general”.


¿Es cuando ustedes los llevan al anfiteatro?

“El anfiteatro de los títeres es el baúl de los recuerdos”.


Ustedes también parecen enormes títeres de carne hueso…

“Sí, a veces sentimos ser manejados por hilos invisibles que nos conducen contra nuestra voluntad por senderos de guerra y confusión”.


¿De qué vive un titiritero en este país de ficción?

“De pasteles de papel maché, tortas de espuma y ajiacos de serpentinas”.


¿Cómo son las mujeres de los titiriteros?

“Tienen alas de hadas, miradas de ternura, almas de esperanza y cuerpos ingrávidos”.


¿Cómo son los espíritus lúdicos?

“Son los titiriteros que crean y recrean todos los días nuevos mundos”


¿Se ha sabido del exilio de una marioneta?

“Sí, he tenido noticias de marionetas que han huido de sus creadores por no ser valoradas por su esencia, y ser maltratadas por una mala dramaturgia”.


¿Qué se siente vivir rodeado por mil muñecos?

“Es sentir en el cerebro mil voces que piden a gritos ser protagonistas de una historia”.


César Santiago Álvarez

¿Cómo es la neurosis de un titiritero?

“Es manejable”.


Un gato ¿el peor enemigo de un teatrino?

“No, el peor enemigo de un teatrino es el gorgojo”.


¿Se pensionan los tìtiriteros?

“Hace muchos años que estamos esperando que aprueben la ley”.


¿Pero si toman vacaciones?

“Sólo cuando los niños las toman”.


¿Qué es la vida para un titiritero?

“Es un acto mágico, sorprendente y maravilloso. El títere más perfecto es el ser humano”.


Texto tomado del diario El espacio, en su sección Mundo loco, miércoles 1 de octubre de 2003.

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