top of page

Historia de los títeres en Colombia: Capítulo I (EL MITO DE LA CREACIÓN)

A lo largo de este año publicaremos la muy completa investigación sobre los títeres en Colombia realizada por Consuelo Méndez y César Álvarez.

 

Así como los ídolos y otros objetos animados se hacen presentes en todas las culturas asociados a los actos rituales, los muñecos aparecen también permanentemente ligados a los mitos de creación de distintas civilizaciones.


El hombre, ante el enigma de cómo su especie empezó a poblar la tierra que ahora habita, ha tejido su respuesta proyectando su imagen en figuras semejantes a sí mismo que no son otra cosa que muñecos, a los que las fuerzas sobrenaturales posteriormente dieron vida. Así como dice Francisco Porras, “el muñeco no está al inicio del hombre sino que es el inicio mismo”.


Máscara de la isla Malekula de Vanuatu, circa de 1910.
Máscara de la isla Malekula de Vanuatu, circa de 1910.

Algunos ejemplos de las más diversas culturas ponen este hecho en evidencia:

En Melanesia, el dios Qat, talló en un árbol los cuerpos de tres hombres y tres mujeres, los moldeó cuidadosamente y los escondió en un bosque durante tres días y al cabo de tres días les dio vida, tocando el tambor y danzando delante de ellos.


En la Península Escandinava se dice que una tarde Odín con dos dioses más se paseaba por la orilla del mar, al encontrarse un tronco de árbol, decidió darle la forma de la pareja humana. Y así, Odín les dio el alma, Honir los sentidos y Ludur la vida.


n el Popol Vuh, libro sagrado de los antiguos Quiché de Guatemala, dice: “Que así sean, así vuestros maniquíes, los muñecos construidos de madera, hablando, charlando en la superficie de la tierra. Que así sea, se respondió a sus palabras. Al instante fueron hechos los maniquíes, los muñecos construidos de madera y los hombres se produjeron; los hombres hablaron; existió la humanidad en la superficie de la tierra. Vivieron, engendraron, hicieron hijas, hicieron hijos, aquellos maniquíes, aquellos muñecos construidos de madera. No tenían ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus construcciones, de sus formadores, andaban, caminaban sin objetos. No se acordaban de los espíritus del cielo; por eso decayeron, solamente una tentativa de humanidad. Al principio hablaron, pero sus rostros se desecaron, sus pies, sus manos, eran sin consistencia, ni sangre ni humores, ni humedad ni grasa, mejillas desecadas eran sus rostros, secos sus pies, sus manos, comprimida su carne. Por tanto no había sabiduría en sus cabezas, ante sus constructores, sus formadores, sus creadores, sus animadores. Estos hombres fueron los primeros que existieron sobre la superficie de la tierra.



La Máscara de Calakmul es una pieza elaborada en mosaico de jade, concha y obsidiana gris, cuya antigüedad se ubica entre 660 y 750 d.C., y forma parte del ajuar funerario que portaba un antiguo soberano maya
Máscara de Calakmul (Olmeca) 660 y 750 d.C

De la misma manera en las culturas indígenas colombianas, pasadas y presentes, encontramos esta misma evidencia:


Dentro de los Muiscas, cuenta el mito de Ramiriquí, “que cuando amaneció ya había cielos y tierra y todo lo demás de ellos y ella, menos el sol y la luna. Todo estaba en oscuridades y sin ella, sólo no había más personas que el Cacique Sogamoso y el de Ramiriquí. Estos dos caciques hicieron todas las personas. A los hombres, de tierra amarilla y a las mujeres de una yerba alta que tiene el tronco hueco.


Los indígenas Guayaberos del Vaupés, cuentan que “antes, existió un hombre que se llamaba Kui. Un día se encontraba muy solo porque no tenía mujer y se le vino la idea. Kui, tomó un poco de barro y formó la mujer. Una vez formada la llevó al río y poniéndose en actitud de rezar, la mujer quedó perfecta. Entonces Kui la llevó a la casa y le enseñó los oficios, pero a medida que se iba mojando se iba desmoronando. Cuando ya estaba destruida, Kui quedó muy sólo y triste pensando cómo la podía volver a hacer. Como vivía cerca de una colmena, la volvió a amasar con barro y miel y así le duró.



Por su parte los indígenas Catíos del Chocó y parte de Antioquia, “cuentan que Carabaguí, el dios de arriba, hizo con cierta agua regeneradora que tenía en un frasco azul, dos muñecos a quienes les dio vida y les dijo: hagan ustedes con esa misma agua con que yo trabajé, unos muñecos semejantes a personas, para que se diviertan. Los muñecos sacaron con el dedo gotas del frasco y con ellos hicieron otro par, pero como el dedo les quedó humedecido, lo sacudieron y de las menudísimas gotas que cayeron se formaron muchas personas… como cincuenta



103 visualizaciones0 comentarios

Comments


bottom of page