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Historia de los títeres en Colombia: Capítulo III:LAS MÁSCARAS EN LA CULTURA PRECOLOMBINA

A lo largo de este año publicaremos la muy completa investigación sobre los títeres en Colombia realizada por Consuelo Méndez y César Álvarez. Hoy seguimos con el capítulo número tres, referente a los objetos animados en las culturas precolombinas.

 


LAS MÁSCARAS EN LA CULTURA PRECOLOMBINA

Máscara de la cultura Tumaco, recientemente incautada en el aeropuerto Barajas de Marid


Asociado tanto a los actos rituales como a los más diversos aconteceres de la vida cotidiana, surge dentro del panorama de las culturas precolombinas, la máscara como otra forma de desdoblamiento simbólico.


Elaborada de los más diversos materiales y utilizado con innumerables fines, la máscara, al igual que los ídolos, muñecos y bastones, se constituye en uno de los objetos animados más importantes y frecuentes dentro de estas culturas, y cumple la tarea fundamental de posibilitar la manifestación del doble del hombre. "La máscara es ante todo comunión, vehículo que sirve para cambiar de personalidad, para mutar y confundir en una sola entidad los vínculos con el otro. Es metamorfosis o trueque del genio y figura propios, por otro genio y figura. Por consiguiente con la máscara se llega a otra realidad, advirtiendo desde luego que esa otra realidad es tan verdadera, tan cierta y natural, como la primera, trocadas o metamorfoseadas".


El hombre prehispánico, enfrentado a la naturaleza agreste y a los infinitos interrogantes que esta le planteaba, creó la máscara, la dotó de poderes y le asignó funciones para que le acompañara en los más diversos avatares de su vida. "La llevaba el guerrero para obtener la protección de los dioses, el sacerdote para ser dios, el dios para transformarse en múltiples invocaciones y el muerto para ostentar el rostro ideal en la nueva existencia".


La máscara, esa "otra cara" que se anima con el significado y el movimiento que le imprime el hombre se hace pues presente en todas las culturas precolombinas que poblaron nuestro país; cada una de las cuales puso a su servicio lo mejor de sus hombres y de su imaginación. "Porque la máscara era un objeto sagrado de cuidadosa elaboración por parte del artesano indígena, quien ponía en su trabajo especial esmero por tratarse de la materialización de los conceptos de fuerzas sobrenaturales, cuya protección se tenía por decisiva para el armónico acoplamiento del hombre con su medio ambiente físico y espiritual".



Monolitos ubicados en el parque Arqueológico de San Agustín, Huila.


Infinidad de materiales y formas convergen en ella. Así, las encontramos enormes, esculpidas en los grandes monolitos de San Agustín cubriendo el rostro de un sacerdote que la sostiene mediante un palo que sujeta entre sus manos y que por sí misma evoca la imagen de un verdadero títere. Pero también la podemos hallar diminuta trabajada en otro oro con increíble minucia dentro de la cabeza de alfiler de los Calimas, en los que aparecen enmascarados, cuya careta se puede retirar para dejar ver la cara. Elaboradas en cerámica y multifacéticas se pueden apreciar en los Calimas, Tierradentro, Nariños y Tumacos, en donde éstas alcanzaron un destacado perfeccionamiento; también en cerámica se les encuentra dentro de los Pijaos, quienes, propio de su carácter guerrero, las elaboraron con la piel de sus enemigos; por su parte Muiscas y Quimbayas, pusieron al servicio de la máscara sus más altos conocimientos de la orfebrería.


Universal pero múltiple y diversa, la máscara estuvo y está presente en cada rincón de nuestro territorio, tras ella se esconde el rostro, pero gracias a ella no podemos conocer la verdadera expresión de los hombres: "Nueva fase externa retrata al hombre en su faz interna. Paradójicamente es la verdadera cara de los pueblos. Ideada y realizada para encubrir temores o frustraciones, a la postre se convierte en fiel retrato, en emotiva imagen de sus portadores".



3. UNA VISITA AL MUSEO DE ORO DE BOGOTÁ


Sin duda una de las actividades obligatorias en una investigación sobre títeres prehispánicos, era realizar una visita al Museo de Oro de Bogotá. Allí se ha tratado de centralizar la orfebrería precolombina que ha logrado sobrevivir a la desmedida ambición de colonizadores, comerciantes y guaqueros que deslumbrados con el resplandor del oro, la han sometido al permanente saqueo, la destrucción y expatriación.


Pese a todo ello, allí se puede apreciar una de las más maravillosas colecciones de objetos prehispánicos, que dadas las circunstancias, debe ser apenas una mínima muestra de lo que fue la prolífica, tecnificada y heterogénea producción orfebre de nuestros antepasados. Sin embargo, la casi totalidad de piezas que allí se pueden apreciar, carecen de una documentación acerca de su lugar de procedencia geográfica exacta, así como de mayores especificaciones sobre su utilización y significado. Sin duda la arqueología, la etnología, la paleontología y demás ramas afines, han realizado prodigiosos aportes en el estudio e interpretación de la producción orfebre en nuestro país, pero una buena parte de ella, hoy día casi es un enigma.






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