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Ácidas Ficciones-Cuando el futuro nos alcance

Solo los optimistas se suicidan, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, al no tener razón para vivir, ¿por qué habrían de tener alguna para morir?

- Ciorán


El pasado sábado 13 de junio asistimos a la presentación de Ácidas Ficciones, una obra de títeres “para adultos” del teatro la Libélula Dorada. Inicialmente trabajada con la activa participación de César Álvarez. Con dramaturgia y dirección de Iván Darío Álvarez. Función en horario nocturno, como corresponde a una obra de adultos, en la Alianza Francesa sede centro (lugar transitorio de la Libélula, mientras le construyen su sala en Galerías)



Al salir de la obra y ante el alboroto de los jóvenes que a esa hora parchan por las aguas, comprendí que la obra más que presentar unas historias nos deja llenos de inquietudes, de preguntas sobre el sentido de la vida, sobre este tiempo y su transcurrir.



Una obra, cuatro historias


La obra se desarrolla en diferentes planos, por una parte, la imagen visual proyectada en una pantalla redonda y con colores pastel. Por otra parte, el desarrollo de personajes tras el biombo y en el proscenio títeres que se corporizan de manera sutil gracias a la maestría de los titiriteros que estando frente al público, con una especie de túnica con capucha, -al estilo de los frailes-, crean una especie de “distanciamiento” mostrando que hay titiriteros y hay títeres en una simbiosis que permite el desarrollo de la obra y sus personajes con la pregunta sobre el tiempo, que es vida finita y sobre la que recae la pregunta central: ¿Qué significa estar vivos?.


La muerte || Foto de Giovanny Ramos
La muerte || Foto de Giovanny Ramos

Son cuatro relatos cada uno vivido como una paradoja del tiempo y donde el humor está siempre presente. Una reflexión que nos asaltó fue sobre la vida como el paso del tiempo; esa ambigua búsqueda del paraíso, de la inmortalidad que se estrella con la muralla, justamente del tiempo.


Luego de una travesía larga y agónica de dos ancianos en paralelo surgen historias que insisten en el tema vida-tiempo. Una de esas historias, en su trasegar nos lleva a preguntarnos sobre cómo vivir cuando la búsqueda de la Arcadia, del futuro inmortal, se convierte en un acuciante presente. En otras palabras, cómo vivir y qué tanto vale la pena vivir. Es decir, la ambigüedad vital: acaso vale la pena vivir bajo un precario presente sólo con la ilusa búsqueda de la inmortalidad. Esta historia se cierra cuando los dos ancianos sin fuerzas, extenuados mueren al llegar a la muralla del tiempo -acaso al final de sus vidas- sin poder cruzarla, sin vencer el tiempo que se les agota.


El fiscal y Muscat || Foto de Giovanny Ramos
El Fiscal y Muscat || Foto de Giovanny Ramos

Un matemático que amargado por su propia vida se dedica a interpretar el horóscopo y encuentra allí, en sus predicciones una primera liberación (logra que su mujer se embarque en un crucero, justo en la fecha en que, según las predicciones del horóscopo, ella va a morir, es decir se le acabará su tiempo; el barco naufraga y ella, efectivamente perece. Y luego atormentado por su culpa logra la segunda liberación. Corta el tiempo de su vida, se suicida.


El tiempo, que es la vida en su transcurrir, ocurre de manera particular en cada una de las historias que allí se van tejiendo. Una historia, aparentemente trivial, la del payaso que es fusilado por el autoritario director del circo, es la metáfora de cómo la vida y el transcurrir del tiempo, que es la muerte, no puede terminar con la música, ni con la risa… es el arte que se revela contra el tiempo finito para abarcar lo inconmensurable.


Aparecen otros personajes e historias que van afrontando el asunto vida-tiempo de manera ácida como el caso de Ciorán que pretendiendo burlar la muerte termina cazado por ella, o como Einstein que su lucidez no lo salva del trascurrir de la vida (pese a la relatividad del tiempo, termina fuera de este mundo), sufre como todos los mortales el abandono de la vida.


La vida como un presente



Van transcurriendo historias, es decir vidas y el finito tiempo que se manifiesta con la “señora muerte”. Esto me llevó a pensar en el tema de la libertad y su valor como parte de la vida que se nos arrebata con el tiempo.


Preguntarnos, qué somos en este finito tiempo, en esta relación vida-tiempo, donde incluso el “amo del tiempo” Cronos termina su ciclo, al concluir que la inmortalidad pierde sentido, justamente porque en su mundo el tiempo es infinito. Derrumba la muralla del tiempo y Cronos perece con la rapidez del que ya vivió. El pasado lo alcanza y lo destruye.

Payaso Biwi  ||Foto de Giovanny Ramos
Payaso Biwi ||Foto de Giovanny Ramos

El deformado espejo del tiempo


Ante estos jóvenes parchando en las aguas y la obra que acabamos de ver hay una extraña relación: la ironía de que vivimos la vida de manera individual y un tiempo colectivo. Ellos, jóvenes en su vida habitando el mismo tiempo que nosotros ya adultos; ellos y nosotros con preocupaciones, sueños… nos vemos como dos mundos en un mismo tiempo y frente a un mismo abismo: la vida como el tiempo que nos resta por vivir. Con ese espejo de lo que, acaso alguna vez fuimos, y este angustioso y oscuro presente, vale la pena preguntarnos por el otro, por quienes llegan de manera abrupta y provocada a un futuro no deseado.


Cada día, la guerra acelera el tiempo y sega vidas. Son guerras que arrasan con pueblos y donde la muerte es un asunto personal, van cayendo niños, niñas, jóvenes, ancianos… que se contabilizan como cifras, pero son vidas a las que como Cronos el tiempo se les acaba de repente, vidas que llegan al futuro de manera abrupta, indeseada y lo peor ordenada por magnates, por déspotas.


Payaso Biwi y payasa  ||Foto de Giovanny Ramos
Payaso Biwi y payasa ||Foto de Giovanny Ramos

Al finalizar la obra uno puede subir al escenario a conversar con los titiriteros, a tocar los títeres a vivir la experiencia de “dar vida” a estos seres que, como es sabido, en algunas ocasiones se rebelan contra los titiriteros y me preguntaba cuándo esos seres condenados a la carnicería de las guerras, por cuenta de los autoritarios gobernantes, - que como titiriteros deciden sobre la vida de los demás -, cuándo realizarán su propia rebelión para liberar a esta vida, a este tiempo de la depredadora crueldad del obsceno y repugnante negocio de la guerra y abrazar otro tiempo donde la libertad no sea la búsqueda de un futuro sino más bien un lúdico y libertario presente.


Salud!!!

Escrito por Alberto Blandón

Ácidas Ficciones de la Libélula Dorada


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