Jairo Aníbal Niño: Juan Pueblo

Muchos conocemos las fantásticas historias que el colombiano Jairo Aníbal Niño plasmó en varios libros, hoy le daremos un vistazo a la historia de este gran personaje y su gran importancia para la historia del teatro de títeres en Colombia.

Cuando regresó a Bogotá después de una estadía de 10 años en Medellín la literatura y en especial los cuentos se atravesaron en su camino, y como Dédalo e Ícaro, quedó atrapado en el laberinto de las palabras con las que iba recreando todas las historias que había oído, conocido o soñado durante toda su vida. De no ser por esa desmesurada fascinación que desde siempre han ejercido sobre él las palabras con las que se tejen las historias... Jairo Aníbal... aún sería titiritero, sin embargo cuando sus ojos se iluminan mientras cuenta la historia de Camilo Daza el primer aviador que aterrizará en la rama de un cerezo, historia que tiene reservada para los títeres, no nos cabe duda que al igual que Ícaro, construirá sus alas, se fugará del laberinto de las líneas escritas, tornará a su antiguo oficio y nos seguirá contando historias, pero de nuevo, a través de los muñecos.


Hoy día Jairo Aníbal es escritor, poeta, dramaturgo, director de teatro, es un excelente conversador, un brillante inventor, constructor y contador de cuentos, pero sobre todo se define "Un hombre feliz" que a pesar de la muerte y la realidad horrorosa de este país, cree tercamente en la vida porque más que el dolor le seduce el placer y la alegría.


Cuando nos empieza a contar su historia se le olvidan todas las fechas (en especial la suya como hombre y titiritero), es una interminable sucesión de episodios en los que narra sus contiendas, sus triunfos y derrotas. Nació en Moniquirá (Boyacá) hace algunos años y allí pasó una infancia feliz pues más que padres tuvo unos cómplices, y además de la frescura del campo y la tranquilidad que ofrece un pueblo pequeño, gozó -sin restricción alguna- de la politemática biblioteca de su casa en cuyos libros satisfizo todas las curiosidades y descubrió la magia de la ciencia, de la literatura, del juego y de la vida. Años más tarde cuando su familia por razones políticas debió emigrar de Moniquirá y radicarse en Bogotá, tuvo la oportunidad de ver en el teatro del Parque Nacional, el primer espectáculo de títeres el cual le llenó de asombro y regocijo. Y aunque fue justamente en ese momento que su vida le abrió la puerta a los muñecos, hoy en día cree que éste fue apena un primer contacto "nominal" con los títeres pues considera realmente "que el ser humano inaugura el mundo a través de muchos deslumbramientos y dentro de esto están las figuras de los objetos animados. Todo hombre cuando nace, se encuentra de una .manera u otra con el títere. Cuando nace al hombre le rodean objetos que cuando crece y entra en ese universo del juego siempre tiene la ilusión de dotarlos de movimiento e involucrarlos en un mundo de representaciones. Estos movimientos se efectúan de muy diversas maneras, bien sea directamente o bien sea mediante la maravillosa gimnasia que surge de la imaginación. Así yo quiero reclamar para el títere un origen mucho más amplio y mucho más profundo. El títere no aparece simplemente en manos del profesional sino que forma parte de la naturaleza de las cosas que rodean la vida del ser humano. Así por ejemplo los móviles que se cuelgan en las cunas de los bebés, están dotados de una complejidad mágica que es la que en el fondo tiene el muñeco. El biberón no es sólo un artefacto que se llena de un líquido útil, sino que el bebé le confiere al biberón cualidades y condiciones mágicas; yo diría que también es un títere en la medida que el niño lo acaricia, en la medida que se relaciona con él de manera compleja, con el humor y la sabiduría de las cosas que le están próximas y satisfacen sus necesidades más intimas. Las manticas que los niños aprecian, son también personajes que comparten sus sueños; un títere maravilloso porque cambia de manera rica y rápida, su aspecto y su condición. No en balde el títere aparece en todas las infancias, no sólo en la infancia personal, sino en la infancia de las naciones, de los pueblos".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991.]


CAMINO A LA TRASHUMANCIA


La fortuna de haber gozado de una infancia llena de estímulos y de un ambiente abierto a satisfacer todas las necesidades que plantea el mundo sin descubrir, hicieron de Jairo Aníbal un personaje rebelde frente a cualquier autoridad y un ser por excelencia iconoclasta. Todo esto sumado a que cuando apenas terminaba su adolescencia corrían en nuestro país los huracanados vientos de los años sesenta con toda su conmoción política y la urgencia de renovación, hizo que Jairo Aníbal, seducido por la política y a la vez por lo visual, por el color, que en nuestro continente es una fiesta, ingresara a la Universidad Nacional a estudiar sociología y bellas artes de manera simultánea. Aunque a todo lo largo de su vida había escrito, fue cuando terminó bellas artes que empezó a escribir teatro. Su primera obra fue entonces titulada "Éxodo Rojo" era "una cosa que reflejaba la postura que yo tenía en ese momento; cierto lirismo y también cierto interés por la denuncia política; era una propuesta nueva, un teatro poético y surrealista. Posteriormente escribí "Alguien muere cuando nace el alba" y una primera versión de "Golpe de Estado" que posteriormente en un festival de teatro que se hizo en el Colón al comienzo del teatro universitario, fue censurada. Unos dos años más tarde cuando el movimiento teatral ya estaba consolidado, el grupo de la Universidad Libre, lleva a la escena mi obra "Monte Calvo" y gana el premio nacional".


Después de todos los experimentos teatrales como dramaturgo Jairo Aníbal ingresó a un grupo llamado "La Buhardilla" dirigido por Julia Rodríguez. Allí empezó como escenógrafo y continuó como actor y dramaturgo. Pero igualmente allí empezó con ella a hacer títeres de guante. Para entonces “Julia ya tenía una formación y tenía un grupo muy bello; era que yo apenas lo empezaba a percibir. Ese grupo se llamaba El Cocoliche, del que yo no hacia parte, tenía un nivel estético muy alto. Esa experiencia con Julia para mí fue muy valiosa y me permitió ya mirar el espectáculo de títeres desde otra óptica, verlo por dentro y con cierto rigor".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Por estos años y dentro de este contexto de los sesenta, llegó a Colombia un titiritero boliviano llamado Jaime González Portales con su grupo "El Chasqui", el cual ejerció una fuerte influencia sobre varios titiriteros que estaban empezando a hacer camino. Su trascendencia en la historia de los títeres en nuestro país se debió quizás no sólo a que trajo un espectáculo de títeres de guante muy profesional cuyo nivel aquí era muy escaso sino que se constituyó en el pionero de los talleres de títeres de nuestro país "Jaime -dice Jairo Aníbal- cumplió una excelente labor en Colombia, creo que refuerza muchas cosas que se estaban haciendo aquí, señala un nivel que se convierte en un estímulo para los grupos en la medida que había muy pocos grupos, no había tampoco referencias que sirvieran para superar determinados niveles de desarrollo estético".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Con la experiencia adquirida en el teatro La Buhardilla y sus ganas de irrumpir en nuevas formas de contar las historias, Jairo Aníbal se une a Jaime González y con él empieza realmente su trashumancia titiritera. Juntos realizan a lo largo de varios meses funciones en Bogotá así como en diferentes municipios de Boyacá y Santander. El repertorio del Chasqui estaba compuesto por obras del propio Jaime y obras de Villafañe y de un italiano. Ya con el ingreso de Jairo Aníbal se incluyó una adaptación que él había hecho para títeres de la obra "La Bella y la Bestia" la cual fue estrenada en la Alianza Colombo Francesa de Bogotá. "Para mí esta adaptación fue un punto de partida para recrear de manera muy libre la historia.


Fue un trabajo experimental moderno, pues hasta el momento se seguía en Colombia trabajando de manera muy tradicional, con excepción de algunos adelantos técnicos de gente que había viajado a Europa y traía ciertas innovaciones. Pero desde el punto de vista dramatúrgico yo no veía ninguna propuesta nueva. Las historias que se contaban eran muy simples, lo cual ha sido aquí un problemas permanente de los títeres, es decir la pobreza en cuanto toda lo que tiene que ver con el fenómeno dramatúrgico. Por eso es que yo recuerdo ese montaje como algo muy experimental. Salía el rostro del titiritero, que era para el momento una audacia muy grande, también saqué las manos desnudas y eso era innovador porque había siempre la tendencia a ocultar lo que movía a los títeres. Era además un montaje para adultos".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Pero la permanente necesidad de experimentar, de hacer nuevas propuestas, se convirtió en un elemento de contradicción entre el titiritero colombiano y el boliviano, que seguía con su línea más bien tradicional a nivel de la dramaturgia lo cual determinó su separación profesional. Al cabo de ello Jairo Aníbal retornó a Bogotá con avidez de nutrirse nuevamente de la agitada vida estudiantil capitalina, pero de todas maneras ya con "el universo de los títeres metido en el corazón". Regresó a la facultad de sociología, a la confrontación política, a los debates estudiantiles, pero en medio de tanta retórica, también sentía la necesidad de "tocar" el país con los dedos de la mano a través de los títeres. En ese momento se encontró con Hernando Ruiz Borrás, persona a quien apreció mucho como artista, compañero y amigo, pero que fue ganado por el movimiento político partidista. "ÉI hizo una gran labor, ya no reniego de esto, pero con él, Colombia perdió quizás el mejor titiritero de todos los tiempos. En este campo era alguien inteligente, sencillo, riguroso y con una posibilidad de enriquecer. el universo de los títeres con niveles muy altos. Desafortunadamente, la política lo absorbió y es lamentable porque un líder político se puede formar, pero un verdadero artista es un misterio".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Jairo Aníbal y Hernando, por aquellos años de juventud, fulgor y aventuras desatadas decidieron juntarse para hacer títeres y con ellos salir de viajes. Ibagué sería su primera estación y para allí partieron sin un sólo muñeco pero constituidos ya como grupo de titiriteros que sólo llevaba a la espalda el morral y en el corazón todos los muñecos de la vida. Con gran emoción recuerda Jairo Aníbal que, "la noche anterior a nuestro viaje hicimos unos muñequitos con pasta de papel y de harina y a escondidas de su mamá los pusimos en el horno (...) logramos de manera clandestina, confeccionar unas cabecitas y con ellas sin pintar y sin vestidos ni nada, nos metimos en el bus para Ibagué (...). Con dos centavos en el bolsillo nos metimos no en el mejor, pero si en un muy buen hotel de Ibagué. Allí sacamos las cabecitas y nos preguntamos cómo hacer para realizar el espectáculo de títeres. Teníamos muchas ideas porque ambos inventábamos cuentos. Entonces pasó una cosa que es muy bella en la página de los títeres: en ese momento, decidimos tomar fundas y toallas de la habitación del hotel para hacerle los vestiditos a los títeres. Pintamos las cabecitas. Al otro día ya teníamos como quince muñequitos vestidos y pintados con fundas y toallas del hotel. Salimos a buscar funciones en los colegios. Ibagué fue muy receptiva y empezamos a hacer presentaciones. Con ellas logramos ganar para pagar el hotel y además las toallas y las fundas".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


En Ibagué, además de las funciones en los colegios, los dos titiriteros entraron en contacto con la universidad, en la que realizaron varias funciones y talleres y con la crema y nata de los intelectuales de esta ciudad, lo que les permitía aún estando en provincia, permanecer bastante bien informados de los rumbos del país. Como era costumbre en la época, realizaron desde luego trabajos en los barrios e hicieron varias presentaciones en un hermoso teatro de un barrio de Ibagué que estaba hecho con materiales de la región. De Ibagué partieron para otras ciudades del país y más tarde regresaron a Bogotá, pero la errancia titiritera había ya dejado mucha mella y el espíritu trashumante los condujo nuevamente de viaje.


Jairo Aníbal Niño. Imagen de Colombia Aprende


EL EXPRESO A LA ETERNIDAD


Al lado de Hernando, Jairo Aníbal era un personaje impetuoso, impulsivo y alocado. Él era en cambio mesurado, metódico, ordenado y calculador. Dentro de este rigor organizó la segunda gira de "la compañía" y escribió una carta a Ferrocarriles Nacionales, institución que les subsidió los pasajes para Barranquilla, en un servicio especial llamado "El expreso del sol". Jairo Aníbal recuerda que duraron viajando "casi diez años" y por eso siempre ha creído que la eternidad es un viaje en un tren colombiano. En aquella ocasión estando ya casi en Fundación, muy cerca de Santa Marta, Jairo Aníbal decidió bajarse de ese "artefacto horroroso que lo estaba enloqueciendo". Hernando, se solidarizó y por otros medios menos rudimentarios pudieron llegar a Barranquilla. "Este viaje fue como un cuento surrealista porque sin saberlo llegamos en pleno carnaval, la época menos propicia para que un grupo llegue a cualquier parte; la gente andaba en otra cosa y sin embargo fue formidable nuestra estadía allí (. .) como siempre estábamos sin un peso en el bolsillo y como siempre yo quería quedarme en el mejor hotel pero todo estaba lleno. Nos alojamos en una pensión y tenía sus pensionistas, empleados de banco, un jubilado, dos muchachas pispiretas que andaban por allí, y para completar toda esa "fauna", dos titiriteros con un poco de muñecos cuyo oficio nadie lo entendía. Allí trabajamos una temporada en colegios y algunos talleres en los barrios. Pasamos luego a Cartagena e hicimos un trabajo muy bello, escribimos varias historias y posteriormente llegamos a Medellín".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


JUAN PUEBLO


Sin duda quienes hayan participado en movimientos estudiantiles, en luchas sindicales, en huelgas o en cualquier otro tipo de actividad reivindicativa en los años sesenta en Colombia y en especial en Antioquia, seguramente recuerda los títeres de Juan Pueblo, grupo al que le dio vida y le entregó la vida durante muchos años Jairo Aníbal Niño.


Las situaciones de los sesenta eran agitadas, cambiantes y fluidas y los títeres de Juan Pueblo irrumpen de la misma manera en ellas, acomodándose al momento preciso, cumpliendo la tarea exacta, soltando. la palabra perfecta en cada circunstancia. Su repertorio estaba compuesto entonces, de una lado, por una gran cantidad de obras cortas improvisadas en el momento de acuerdo con los lugares y situaciones: la universidad, la fábrica, el barrio o la mina. Y por otra parte por obras complejas que apuntalaban a una propuesta rigurosa con relación al texto y a las imágenes. Dentro de esta idea recuerda Jairo Aníbal, haber montado Luvina de Juan Rulfo, fragmentos de Fausto de Goethe, partes de Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare y el Moscardón de Rimsi Korsakov.


Fue un grupo que sin desconocer la importancia de la técnica, subordinó los recursos a algo mucho más complejo que era el contenido de la historia que se iba a contar a través de los muñecos. Por eso, buscando desde luego el equilibrio entre el qué decir y el cómo decirlo, desechó siempre los trucos, trabajó constantemente los títeres de guante, con teatrinos sencillos, rompió el esquema de público infantil y público adulto y creyó siempre más en el muñeco que en todos sus accesorios, porque nunca desconfió de su infinita capacidad de sugerencia.


Durante diez años Juan Pueblo hizo funciones, se enriqueció con las historias de todo lo que pasaba a su alrededor, se llenó de motivos para valorar y retomar diversos elementos de esa cultura popular hasta ahora desconocida y así, con muñecos sencillos hechos de diversos materiales, protagonizó los más insólitos episodios que de manera sin igual narra Jairo Aníbal: "Recuerdo una asamblea general del sindicato de Coltejer en la que se estaban debatiendo cosas de vida o muerte para el sindicato; apareció por primera vez en el orden del día de una asamblea general, una obra de títeres. Fue entonces muy hermoso cuando después de muchas discusiones, el punto siguiente del orden del día eran los títeres Juan Pueblo. Nosotros hacíamos la representación que naturalmente era una obra que estuviera del lado del sector político y proletario que era el de nuestras simpatías, y atacábamos desde luego a sus enemigos. Cinco minutos antes nos habían contado el problema, la situación, los nombres de los enemigos y entonces nosotros montábamos la historia.[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Recuerdo también de manera especial una huelga en una siderúrgica con una situación muy difícil porque los obreros eran constantemente agredidos. Era un momento político muy tenso y nosotros hicimos una representación memorable en la carpa de la huelga. Veíamos a los obreros llorar, gritar, enfurecerse delante de nuestros muñecos".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Recuerdo otro episodio en las minas de Carbón de Amagá. Los títeres Juan Pueblo hacían ya parte de todos los elementos de la lucha popular y en esa ocasión se trataba de una tensa situación de pre-huelga en la mina. Antes de llegar a Amagá, un compañero de la huelga había salido a la carretera a esperarnos y paró el carro para decirnos que nos bajáramos porque nos estaban esperando más adelante para agredirnos. En el carro no iba ningún dirigente político sino apenas los titiriteros y dos obreros habían esperado durante seis horas para protegernos. Entonces nos bajamos y echamos por desechos del monte hasta llegar a la boca de la mina donde se había previsto la representación. La función estaba programada para las seis de la tarde y nosotros llegamos a las diez de la noche, entonces ya no había nadie. Había un grupo pequeño que nos recibió con mucha alegría; nosotros explicamos lo que había pasado y estábamos allí como lamentándonos de la situación cuando un minero viejo, como de unos ochenta años, se levantó y dijo: los compañeros artistas han venido y nosotros tenemos que verlos, así que nombremos una comisión y mandemos llamar la gente. Los mineros vivían en cercanía de la mina, es decir a diez kilómetros a la redonda y los compañeros comenzaron a corretear para llamarlos. Nosotros veíamos únicamente las lucecitas en las montañas que se prendían y apagaban, que se movían, y a las dos de la mañana había en la boca de la mina y frente al teatrino una muchedumbre de mineros. Allí entonces hicimos una de las funciones más extrañas de títeres que se haya hecho en el mundo, iluminada con los reflectores de los mineros en medio de la noche. Mezclamos obras improvisadas con obras que yo había escrito llenas de humor, de sátira y de lirismo que es una constante en mi trabajo. A las tres de la mañana terminó la función y nadie se movía. Terminamos conversando sobre las obras. Entonces sacamos los títeres, los cogían los mineros y los empezaban a mover y sólo se oía una carcajada Homérica porque eran quinientos mineros que se reían al tiempo de las cosas que hacía el muñeco en manos de sus compañeros. Los títeres pasaron de mano en mano hasta el amanecer cuando terminamos en un desayuno pantaleónico, lleno de amor, alegría y viandas alrededor de unos muñecos".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


Recuerdo en Antioquia también que estábamos en una función que tenía que ver con alguna lucha. Nos avisaron entonces que el alcalde había mandado dos soldados para cogerlos presos. Cuando llegaron ellos nosotros estábamos en plena función. Seguimos con el espectáculo y por el famoso huequito a través del cual el titiritero mira el público, vimos a los soldados que entraron muy mal encarados con sus fusiles, como dispuestos a llevarse a todo el mundo. Los tipos empezaron a ver la función y fue algo mágico. Empezaron a mirar los muñecos, empezaron a reír y como a los cinco minutos se sentaron, a los diez minutos el fusil estaba en medio de las piernas y terminaron en medio de un público lleno de alegría, riéndose hasta de las cosas que nosotros señalábamos críticamente, de la autoridad, de la arbitrariedad de las autoridades. Ese día yo asistí a un milagro porque aunque el arte no cambia el mundo per se, sí puede ser un detonante en un momento determinado que puede volver patas arriba cualquier cosa. El hecho es que estos soldados cuando terminó la función, se nos acercaron y no sabían qué hacer, si cogernos presos o darnos un abrazo, y al final entonces los dos se miraron y tácitamente decidieron irse. Se fueron y antes de salir uno de los soldados le dijo a los campesinos que estaban allí: mire, nosotros no hemos estado aquí... no hemos visto nada".[ Niño, Jairo Aníbal. Entrevista. Bogotá, Abril de 1.991. Op. Cit.]


...Y como éstos, infinitos episodios que llenarían páginas y páginas para ser contados.


Este panorama de estadía de Jairo Aníbal en Antioquia, se complementa con muchos talleres, propuestas de trabajo y con dos hechos muy destacados. La organización de una exposición de títeres hechos por los niños de la calle a lo largo de un taller infantil y la realización en octubre de 1.966 de un Festival Nacional de Arte Infantil organizado por la Biblioteca Pública de Medellín y dirigido por Jairo Aníbal, evento en el que se conjugó el cine, el teatro, los títeres, la pintura y la música.


NUEVAMENTE EN BOGOTÁ


Tal como sucedió una vez durante su infancia, Jairo Aníbal debió emigrar de Medellín por razones políticas. Volvió a Bogotá dejando en Antioquia toda su trayectoria con los títeres de Juan Pueblo. Se vinculó como maestro en la Universidad Nacional y esto le permitió poco a poco dedicarse a contar historias por escrito. Publicó así su libro de cuentos "Puro Pueblo" y más tarde ganó el premio Enka de Literatura Infantil con su libro "Zoro", del que hasta hoy se han hecho diez y seis ediciones.


Curiosamente, aunque los títeres le han apasionado tanto como la vida, en toda su obra escrita no figura hasta ahora ninguna obra escrita especialmente para teatro de títeres. Sin embargo con el paso de los años y con su experiencia como escritor y titiritero, Jairo Aníbal siente que actualmente en el país este género no ha logrado su pleno desarrollo. Quizás por eso y también porque uno en la vida tiene la obligación de cerrar los círculos, Jairo Aníbal espera poder recoger alguna vez toda su producción para teatro de muñecos, que con el fragor del trabajo se quedaron siempre apenas en bocetos, guardadas entre los cajones de los mejores recuerdos.


Jairo Aníbal Niño. Imagen de Google Sites

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