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Teatro Libélula Dorada

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“La Libélula Dorada” en vuelo contra el olvido

Iván Darío Álvarez


“Los milenarios titiriteros poetas de la aventura”


Dicen que los títeres son tan viejos como la historia y sin embargo, en la memoria de los últimos tiempos, los viejos se olvidaron de contarnos las historias que a ellos contaban los titiriteros que viajaban de pueblo en pueblo o de feria en feria, y tal vez por ello, en aquellas épocas, los títeres no eran considerados sólo para niños sino para todos los pobladores ansiosos de escuchar la fantasía irónica del titiritero, que regresaba después de mucho tiempo de ausencia, curtido en sus viajes de muchas aventuras y nuevas historias, arrancando a todos la risa diabólica que expresaba el espíritu burlón del pueblo contra las costumbres y la moral de piedra de la época.


El titiritero era entonces el juglar, el mimo o el acróbata, y sus escenarios las calles o plazas, donde su voz era la suya y la de todos los que le escuchaban. Tanto era entonces su murmullo y su eco, que en su momento llegó el teatro a pasar a segundo plano e inclusive se promulgó una ley para restringir el crecimiento de los grupos de títeres. Hoy por el contrario los títeres son considerados el hermanito menor del teatro o un subgénero olvidado por los viejos y sólo tenido en cuenta en cualquier domingo aburrido de la vida para distraer a los niños en sus fiestas; de tal forma que la función del titiritero quedó degradada y pasó a remplazar al loco de la ciudad, al payaso o al bobo del pueblo.


Siendo esto así, ¿quién conserva entonces en su memoria la imagen del titiritero, pionero más no profeta de la aventura y la poesía?... ¿Los titiriteros de nuestro tiempo? Era de esperarse, pero no, porque tal vez se dejaron acorralar por la historia, por las pompas y los grandes escenarios del teatro o por la técnica que acabó con el encanto, la destreza y la magia de sus espectáculos. El titiritero dejo de aventurar por los caminos, después de haber sido muchas veces perseguido, por ser considerado un vago o un bandido y con el murieron entonces, quizás partes de los últimos filósofos del pueblo o el chamán de las últimas tribus al margen de la llamada “civilización”. Sin embargo, muchos titiriteros tratan de recuperar la memoria o sea su propia historia y devolverle a los títeres la importancia que se merecen, ya no tan solo como simple auxiliar de la pedagogía que ha sido la moda de nuestro tiempo, sino también por recuperar su poesía (porque los títeres son la poesía, lo cual no quiere decir que todo titiritero sea buen poeta) y su fantasía que ha sido considerada para adormecer el espíritu de los niños, pero que en realidad solo ha demostrado la miseria imaginaria que poseen los adultos.


César Santiago Álvarez e Iván Dario Álvarez.

Nacimiento y dificultades de “La Libélula Dorada”


La libélula es un invertebrado milenario que en un tiempo fue uno de los insectos más gigantescos que poblaron la tierra, y es por eso que nosotros “los libélulos” soñamos a nivel metafórico con recuperar nuestro antiguo volumen, porque como no denigramos de nuestra profesión, no nos gusta que se nos mire como a cualquier bichito. Libélulas además hay de todos los colores y en todas partes del mundo, donde se encuentre naturalmente agua dulce, sitio donde merodean porque según pensamos los libélulos en el origen del mundo, allí nació la vida. Comúnmente se les llama “los caballitos del diablo” y el diablo, muy bien lo saben o tratan de ignorarlo, fue el primer librepensador de la historia.


En el caso de La Libélula Dorada, adoptamos este último calificativo como símbolo de esplendor y plenitud, tal como los indígenas consideraban al sol; por lo tanto llevamos este color en nuestras alas, porque es evocador poético de la libertad que ha buscado el grupo hasta en lo más profundo de sus deseos. También la libélula sufre como muchos otros insectos una metamorfosis, detalle que a los ojos del grupo, pareció muy importante, ya que expresaba la continua transformación que experimenta con el paso del tiempo cada uno de los miembros de la “Libélula Dorada”. Metamorfosis o proceso que esperamos cumplir hasta que llegue la etapa que señale nuestra irrevocable muerte, que nos hará desaparecer por lo menos contentos y completos de la escena.


En realidad somos un grupo joven con solo cuatro años de existencia, de los cuales tan solo dos llevamos como grupo profesional e independiente, habiendo nacido en la única escuela de títeres que funciono en nuestro país, dirigida por el grupo “El Biombo Latino” y en la cual iniciamos nuestros primeros vuelos con una obra para niños titulada: “Préstame tu sombrero”.


Hoy en día a pesar de nuestro intenso trabajo para madurar un estilo, investigando para darle un nuevo sentido a los títeres, nuestra labor quijotesca es ignorada o desconocida por la mayor parte del país, ya que a pesar de ser profesionales nuestras dificultades económicas son muy grandes y la lucha por sobrevivir no está exenta de tropiezos. Actualmente por ejemplo, carecemos de sede para trabajar en forma estable y propia, para no tener que ser inquilinos de ninguna institución y poder gozar de un espacio libremente. Tampoco, a pesar de ser una fundación, recibimos auxilios del Estado o alguna otra institución, más bien nos valemos de nuestro propio esfuerzo, para luchar contra la intransigencia general que no valora el teatro de títeres, ya sea en su forma económica o artística, porque considera más la vil producción material que “las absurdas fantasías del espíritu”, además ¿acaso no son suficientes o mejores la televisión o el cine?, acaban por decir todos los incrédulos del sur o el norte del pensamiento.

César Santiago Álvarez e Iván Dario Álvarez.

Los títeres y la literatura infantil


El teatro de títeres se han caracterizado casi siempre por ser un espectáculo de mucha improvisación y por lo tanto son pocos los textos que a este respecto se pueden conseguir en español. Esto nos lleva a concluir que los titiriteros carecemos de una tradición en lo que se refiere a una dramaturgia especialmente concebida para títeres. En nuestro momento esa ausencia ha conducido a los titiriteros a adaptar y a sacar sus historias principalmente de la literatura infantil. En ese sentido la Libélula a través de sus experiencias pensó, al igual que otros grupos jóvenes, que era necesario ir definiendo una postura en el análisis crítico de la literatura infantil, concluyendo que los planteamientos de las obras generalmente adaptadas para títeres de guante o marionetas (que son los que más gozan de tradición en Latinoamérica) habían terminado por esquematizar la literatura clásica europea, al reducir los cuentos a un conflicto siempre repetido entre buenos y malos, caracterizados de forma clara y evidente, mostrando por ejemplo al malo como un ser feo, voz gruesa o chillona, cuyo papel era en todo momento ser desagradable y agresor de los niños.



Imagen de la obra "El dulce encanto de la isla Acracia"


El bueno por el contrario era hermoso y con voz dulzona que nunca llegaba a gritar o contradecir, conquistando de esa forma el afecto y la simpatía de los niños. Planteadas así las cosas, toda acción realizada por los malos estaba condenada de forma inmediata e instantánea por los niños, ya que en el caso de los buenos la razón y la justicia aparecían fácilmente de su parte y toda acción violenta o autoritaria contra el mal, justificadas moralmente con la moraleja una y mil veces demostrada, de que el bien siempre vence al mal y de esta forma aparecieron ridiculizados y maltratados personajes tan grandiosos y poéticos, como el diablo, los piratas, las brujas o en el caso contrario , magos, duendes o hadas y los niños atrapados por una moral netamente maniquea y conductista, ya que de hecho su participación bajo este esquema se realiza gracias a la manipulación de los afectos o temores del niño.


Frente a todo esto nosotros pensamos que era necesario explorar y buscar un camino propio y partir de la necesidad de crear nuestros propios textos, para así, en el terreno de la dramaturgia ir despejando los problemas arriba enunciados. Fue así como creamos varias obras: “Las Escobitas”, “Los héroes que vencieron todo menos el miedo”, “Las aventuras de Regino VI”, “La Niña y el Sapito” (obra para adultos) y actualmente “El Dulce Encanto de la Isla Acracia”. De esa manera el grupo ha intentado darle un nuevo tratamiento a los personajes, al lenguaje y a las historias para títeres a través de una estructura abierta al juicio del espectador, ya que si bien los personajes no son neutros, debido a que hay unos éticamente más relevantes que otros, por lo menos ha tratado de cuestionar el moralismo a ultranza de que se valen los titiriteros tradicionales, dejando siempre la posibilidad de que los niños saquen sus propias conclusiones y no a las que siempre se les conduce, pues esto sería un manejo encubierto de la participación espontánea y la imaginación de los niños.


Por otra parte, se han cuestionado posturas que aunque son partidarias de la crítica a los buenos y a los malos, se declaran contra la fantasía por considerarla perniciosa para el niño. En este caso el grupo ve que este tipo de realismo tampoco está exento de esquematismo, ya que en últimas reduce la lucha de clases o todas las clases de luchas entre los hombres, a una lucha entre buenos y malos, que priva al lenguaje de fantasía o poesía, o que castra en el niño esa necesidad que a todas horas vemos manifiesta en sus juegos y su vida cotidiana, a pesar de la represión o el realismo sin poesía en que tratan de enclaustrarlos los adultos. Por ello nosotros preferimos nutrirnos de la fantasía al igual que los niños, porque en un mundo cada vez más pobre de imaginación y poesía, la fantasía es un arma cargada de futuro.


Texto publicado en el Magazín Dominical del periódico El espectador. Domingo 23 de noviembre de 1980.