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Personajes animados en las procesiones de la colonia

LOS ALTARES


En las bocacalles de la Enseñanza, La Rosa Blanca, la del Puente de San Francisco y Segunda Calle Real, se construían los cuatro altares de rúbrica, por donde habría de pasar el desfile y en el centro de los cuales se representaba algún pasaje del antiguo testamento. Dichos altares eran ricamente adornados con candelabros de lata, con mallas y macetas del mismo metal, las flores, los damascos, los espejos, las láminas, todo formaba un hermoso conjunto. El pueblo se detenía ante los altares para descifrar su significado, tarea en la cual era ayudado por los Cicerones, que eran viejos sastres o peluqueros que empezaban a explicar al público los pasajes representados.


Nos llama la atención la descripción que David Guarín, (Periódico La Pluma) hace de estos altares en la fiesta de corpus de Ibagué, a la que nos hemos venido refiriendo, pues allí había varios MUÑECOS ELABORADOS EN CARTÓN Y OTROS MATERIALES. "Como a las nueve de la mañana se descorrían los velos de los cuatro tabernáculos y ¡oh belleza celestial para las gentes del campo!, ¡oh encantamiento para los niños!. En un altar estaba la divina Pastora apacentando sus ovejas, hechas de cartón y con bellones de blanquísimo y descarmenado algodón. Una de esas diablillas inquietas se había descarriado y el enemigo malo en forma de dragón quería comérsela de una tarascada, pero la pobrecilla al verlo según parecía, dio un balido, y, patitas para dónde su divina señora! no las ponía en el suelo! (...) En el otro altar estaba el santo rey y profeta David, el sabio Salomón, aquel de las mil mujeres, estaba haciendo dividir a un niño en dos partes, una de las dos mujeres que había en escena imprecaba al pie del rey, la otra permanecía indiferente (...) En la última de las cuatro ermitas, representaron a las dos exploradoras de Canaán, conducían una uva pintada por un aficionado a las bellas artes, y era tan grande que los dos robustos israelitas, apenas podían con ella".[1]


Ante esa descripción nos queda la duda de si se trataba de objetos diversos que se animaban para representar el pasaje bíblico, de ser así nos encontraríamos frente a una verdadera representación titiritesca!.


Máscara de diablo. Este tipo de máscaras se sigue utilizando en procesiones actualmente.

3.5. LOS BOSQUES


Dentro de todo el material referente a la Colonia que se ha venido revisando con motivo de esta investigación, encontramos por primera vez la palabra TÍTERES en las "Reminiscencias de Santa Fe de Bogotá" en las que Don Cordovez Moure, denomina con este término a los BOSQUES: "Las bocacalles se cubrían con bosques, palabra que traducida al lenguaje santafereño quiere decir TÍTERES O FANTOCHES".[2] Término tomado de la obra de Don Salvador Camacho Roldán en la que dice: "Bosques se levantan en las esquinas de la plaza, en algunas de las cuales se exhibían animales salvajes, plantas raras, flores no cultivadas en las montañas vecinas y en otras MESAS DE TÍTERES, con representación de las costumbres y a veces con una crítica de los caracteres raros del pueblo, en que no faltaba chispa y observación verdadera".[3]


Don Cordovez Moure describe algunos de estos Bosques así: "Estos eran los lugares escogidos para echar sátiras a los mandones y a los acontecimientos que merecían censura, exhibiéndolos del modo más ridículo posible, recordamos uno en que los guardas de un estanco de aguardiente saqueaban la casa de un pobre llevándose como contrabando las camas, los pocos muebles y las hijas de las víctimas. En otro pusieron un montón de aguacates (curas) llenos de moscas pegadas con el siguiente letrero: ¡qué mosquera, pobres curas! Otro hubo en que figuraban los rematadores de bienes eclesiásticos llevando en las manos los conventos, casas y otros edificios. Al pie se leía esta inscripción: "llevamos las manos muertas de frío".[4]


Por su parte José Manuel Groot en sus Cuadros de Costumbres nos cuenta otros pasajes: "En uno se presenta el Escribano con Gorro y anteojos escribiendo en su mesita sobre la cual hay un montón de autos, tintero y plumas y un gallo desplumado con un letrero que dice: “Litigante”. Al pie de la mesa está amarrado del pescuezo un gato que maúlla medio ahorcado, símbolo de los escribanos. Más allá en la otra esquina hay otro Bosque en que se ve a un enfermo en su cama y al médico junto que le toma el pulso a una mochila de plata que está en la cabecera de la cama. Allí se ve la gente amontonada y riéndose a pesar de las oleadas de los que van y vienen dándose apretones y pisones".[5]


Al parecer los BOSQUES O TÍTERES no eran animados, sin embargo aportan mediante su composición y los letreros que les acompañan otro elemento muy importante y es el carácter satírico, sarcástico o burlón, manifestándose así esa posibilidad que tiene el muñeco de convertirse en el doble del hombre, en virtud del cual, éste, escondido o a través del muñeco o valiéndose de él, puede expresar su acuerdo o inconformidad con personajes o situaciones sociales que le afectan; el muñeco se vuelve entonces en un vehículo de expresión del subconsciente individual o colectivo.


Tal fue el poder alcanzaron a tener estos muñecos para caricaturizar la sociedad del momento, que llegaron a tocar las fibras más sensibles de uno de los periódicos más conservadores de 1.859, el Catolicismo, en el que puede leerse: '... I ya que hablamos de esto tenemos que decir que causó gran pena ver en un bosque de la calle los retratos de dos ilustres prelados de nuestra Iglesia a los lados de un lienzo en el que estaban pintadas y muy mal pintadas unas cuantas figuras ridículas. Estos retratos eran el del señor Arias de Ugarte, natural de Santa Fe de Bogotá i una de sus principales glorias i el otro el del señor Urbina, cuya memoria inmortalizan la Capilla del Sagrario que fue consagrada por él y convento de las aguas que se erigió y edificó en su gobierno. No querríamos saber quien franqueará con tanto desprecio los retratos de estos dos ilustres varones para ponerlos en un BOSQUE DE MAMARRACHOS, expuestos a las injurias del tiempo, al paso de los muchachos que los manoseaban. Se sufrirían que con los retratos de los señores Mosquera o Herrán se hiciese lo mismo? Hai más barbarie de la que se piensa".[6]


Antigua postal que muestra una procesión con la figura de una tarasca

OTROS

Vale la pena mencionar una última manifestación de muñecos presentes en el desfile de Corpus: "Por último salían los carros alegóricos tirados por hombre y que representaban escenas bíblicas, como por ejemplo el rey David con la cabeza de Goliat en la mano, le seguían Esther y Mardogueo y luego José aparecía sobre un caballo ricamente enjaezado, seguido por muchísimos soldados que llevaban CABALLOS DE CARTÓN ENTRE LAS PIERNAS".[7]


Desafortunadamente la procesión que se realizaba con ocasión del Corpus fue prohibida a partir de 1.877: "Hoy gracias a los progresos alcanzados por la moderna civilización la fiesta se celebra en el estrecho recinto del templo, y el día pasa para el pueblo tan inadvertido como todo y sólo le es dado evocar el recuerdo de mejores tiempos y adorar a Dios en silencio, ya que les está prohibido hacer pública y libremente la profesión de sus creencias y de su fe. No obstante la garantía constitucional, qué les da hoy al pueblo en cambio de estas reuniones propias de una sociedad civilizada?”.[8]


Pero si con esta prohibición se recortó a los fieles la posibilidad de manifestar públicamente su fe, también se le quitó a la ciudad la alegría y el colorido que brindaban estas fiestas y todos sus muñecos.

[1] Guarín, David. en Periódico La Pluma. Julio de 1.880.


[2] Cordovez Moure. "Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá". Op. Cit.


[3] Camacho Roldán, Salvador. "Bogotá hacia 1.850".


[4] Cordovez Moure. "Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá". Op. Cit.


[5] Groot, José Manuel. "Cuadros de Costumbres". Op. Cit.


[6] Periódico el Catolicismo. Junio 26 de 1.859. Bogotá.


[7] Hernández de Alba, Guillermo. "Estampas Santafereñas". Op. Cit.


[8] Periódico El Zipa. Junio 15 de 1.887.